"bueno vamos a una junta al ratito te veo por aqui"
Ése fue el mensaje instantáneo que recibí. Ahora, me pregunto, ¿qué quiso decir esta persona?
Opción a). "Bueno, ¿vamos a una junta? Al ratito, te veo por aquí"
Opción b). "Bueno, vamos a una junta al ratito. Te veo por aquí"
Opción c). "Bueno, vamos a una junta. Al ratito te veo por aquí"
Lo increíble es que "vamos" se puede referir a "yo y unos compañeros", "tú y yo", o "todos". Por eso me cuesta tanto trabajo comunicarme con personas que no acostumbran utilizar los signos de puntuación.
Ambigüedad
Para solucionar este problema de mala gramática, recuerdo un poema que mi papá solía recitarnos.
Tres bellas que bellas son
Cito este poema de otro blog. Antiguamente sólo linkearía, pero en las épocas donde los links suelen desaparecer de un día para otro, me veo forzado a replicarlo en su totalidad.
Tres hermanas casaderas, Soledad, Julia e Irene, conocieron a un joven y apuesto caballero, licenciado en letras y las tres se enamoraron de él. Pero el caballero no se atrevía a decir de cuál de las tres hermanas estaba enamorado. Como no se declaraba a ninguna, las tres hermanas le rogaron que dijera claramente a cuál de las tres amaba. El joven caballero escribió en un poema sus sentimientos, aunque "olvidó" consignar los signos de puntuación, y pidió a las tres hermanas que cada una de ellas añadiese los signos de puntuación que considerase oportunos. La décima era la siguiente:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cual es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad
Soledad leyó la carta:
Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
digo que amo a Soledad;
no a Julia, cuya bondad
persona humana no tiene;
no aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.
Julia en cambio:
Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene.
No aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.
Dijo Irene:
Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. ¿A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene?
No. Aspira mi amor a Irene,
que no es poca su beldad.
Así pues persistía la duda, por lo que tuvieron que rogar de nuevo al joven que les desvelara quién era la dueña de su corazón. Cuando recibieron de nuevo el poema del caballero con los signos de puntuación las tres se sorprendieron:
Tres bellas, ¡qué bellas son!,
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón.
Si obedecer es razón,
¿Digo que amo a Soledad?
No. ¿A Julia, cuya bondad
persona humana no tiene?
No. ¿Aspira mi amor a Irene?
¡¿Qué?!... ¡No!... ¡Es poca su beldad!
(Citado por Roberto Vilches Acuña en "Curiosidades literarias y malabarismos de la lengua". Editorial Nascimiento. Santiago de Chile, 1955)
---Ligas relacionadas:
http://ay-karamba.nireblog.com/post/2009/05/14/la-importancia-de-los-signos-de-puntuacion
http://ciudadanodelmundo.espacioblog.com/post/2009/01/06/tres-bellas-que-bellas-son-importancia-los
